EL ESEQUIBO Y EL MITO DEL DORADO
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El mapa del tesoro
Buscando imágenes para la edición de un video sobre el Esequibo, me encontré con una antigua obra maestra del grabado: un mapa del siglo XVI que ya había visto muchas veces sin darle mucha importancia.
Su título parece el prólogo de una novela de aventuras: «Nuevo mapa de la maravillosa y rica tierra en oro de Guayana», en neerlandés, «Nieuwe caerte van het wonderbaer ende goudrycke landt Guiana», elaborado por el cartógrafo flamenco Jodocus Hondius (1563-1612), quien lo imprimió por primera vez en Ámsterdam, en 1598, casi 100 años después de que Alonso de Ojeda y su tripulación recorrieran esas costas. Luego vendrían otras impresiones y otros mapas que le llevarían, a él y a su familia, a la fama.

Aquella imagen resultó ser un verdadero «mapa del tesoro», no solo para los holandeses de la época, sino también para mí al abrir una fuente de información inagotable. Gracias a él encontré datos que jamás hubiese imaginado y entramados que dejan claro que, para comprender el actual conflicto fronterizo entre Venezuela y Guyana por el Esequibo, no basta con leer tratados diplomáticos, crónicas antiguas ni siquiera concienzudos estudios históricos.
Es necesario ir más allá y mirar con otros ojos la cantidad de elementos iconográficos y textos que aparecen en este grabado. Una obra cartográfica publicada en una época en que los mapas eran algo más que información geográfica.

También es bueno saber —aunque nada sabroso— que, antes de Guyana y los Estados Unidos, estuvieron los ingleses; pero antes llegaron los neerlandeses y otros reinos europeos que competían con España y Portugal por las riquezas y las tierras que pertenecían a las naciones indígenas. Explotaban y comerciaban con maderas, tabaco, azúcar y, lamentablemente, personas y no solo africanas, ya que mercado de esclavos seguía siendo un gran negocio para Europa.
El mapa de Hondius parece ilustrar la obra del famoso corsario inglés Walter Raleigh (1552-1618), The Discoverie of the Large, Rich, and Beautiful Empire of Guiana, publicada en Londres en 1596. Raleigh, quien, como vemos, también se presentó como «descubridor», había obtenido muchos de sus datos e información, no precisamente de buena manera, de súbditos españoles como Antonio de Berrío (1527-1597), otro obsesionado con el oro de El Dorado.

Raleigh apresando a Berrio en su asalto a la isla de Trinidad en 1595.
Con «Guatarral» como algunos cronistas llamaron a Raleigh, se cumplió eso de que «el que a hierro mata, a hierro muere», pues después de haber sido uno de los favoritas de Isabel I de Inglaterra, murió decapitado por órdenes de su sucesor en 1618. Entre otras razones, porque nunca consiguió el oro que había prometido a la corona inglesa.
Ese libro de Raleigh —siempre los libros, y este en particular— causó un enorme impacto en Europa. Hondius, quien había vivido exiliado en Londres y conocía bien a varios marinos y corsarios británicos, utilizó sus conocimientos de rutas,
así como los relatos y anotaciones de Raleigh para crear su famoso mapa, agregándole textos e imágenes, algunas fantasiosas. Entre sus elementos más llamativos encontramos:
a) El gigantesco e imaginario lago Parima, en cuyas orillas estaba construida la rica en oro e inmensa ciudad de Manoa.
b) Representaciones de los ewaipanoma, la mítica tribu de hombres sin cabeza descrita por Raleigh, quienes supuestamente tenían los ojos en los hombros y la boca en el pecho.
c) Dibujos de las amazonas y de la fauna de la región, entre ellas las tortugas gigantes del río Orinoco, armadillos gigantes, venados y hasta un perro.

Tanto la narrativa de los hombres sin cabeza como la de las amazonas, de los siglos XVI y XVII, representan una fascinante mezcla de los mitos clásicos europeos, la cosmovisión indígena y la ambición colonial por el oro.
Guayana nunca fue el «Reino de las Amazonas»
No hay pruebas de que en esa época, ni después, hayan existido en la región comunidades integradas solo por mujeres guerreras y sus hijos, como las que describe la mitología griega.
Según algunas fuentes, en el caso de lo narrado por algunos de los primeros españoles que se adentraron en la región, se trató de mujeres que luchaban al lado de los hombres en contra de los invasores con tal fuerza y valor, que las compararon con las míticas amazonas griegas. Lo demás es pura fantasía, pero terminó nombrando a esta región y a uno de los ríos más caudalosos y extensos del mundo.
La paradoja es que hoy el mito griego es prácticamente desconocido, mientras que la palabra «Amazonas» se asocia inequívocamente con ese río y con la inmensa región selvática que riegan sus aguas.

Por su parte, el mapa de Hondius ofrece al mismo tiempo, una representación del Escudo Guayanés que se extiende por los actuales territorios de Surinam, Guyana y Guayana Francesa, además de zonas de Venezuela, Brasil y Colombia.
Es decir, sobre un territorio real se superponen rutas, datos geográficos, relatos indígenas, informaciones de exploradores europeos y una buena dosis de fantasías míticas.
La investigación de la Universidad de Pensilvania sobre este mapa señala el interés neerlandés por Guayana en ese momento y destaca que la representación de Hondius combinaba estratégica y artísticamente, datos reales y ficticios, con un impacto visual tal que se convirtió en una referencia desde la cual muchos europeos imaginaron la Guayana.
Al parecer, fue Antonio de Berrío, tras recoger relatos de los indígenas locales sobre una colosal laguna, quien fijó la idea de que El Dorado se encontraba en un lago rodeado de montañas en el interior de Guayana, donde se erigía la ciudad de Manoa, pavimentada de oro.
Y el mapa sería la primera obra impresa conocida en dotar de una geografía definida a este mito, dibujando una laguna de proporciones colosales, atravesada por la línea del ecuador y flanqueada al norte por los ríos Orinoco y Esequibo, pero...
¿Existió el lago o laguna Parime?
Hoy sabemos que a partir de las expediciones de límites realizadas por españoles y portugueses durante la segunda mitad del siglo XVIII y, posteriormente, de los estudios de Alexander von Humboldt, comenzó a conocerse con mayor precisión la verdadera geografía de esta región.
Humboldt relacionó la imagen del gran lago con varios elementos geográficos reales, entre ellos el río Parime o Branco, las inundaciones estacionales de sus afluentes y, especialmente, el lago Amucu, situado en la región del Rupununi.
Pirara y el Lago Amucu, el Sitio de El Dorado, de 'Vistas en el Interior de Guayana', grabado por George Barnard (fl.1832-90) pub. por Ackermann, 1840.
Durante las épocas de lluvia, las aguas podían extenderse sobre enormes superficies de sabana y producir la imagen de un verdadero mar interior, creando ante los ojos de los indígenas, exploradores, y quien lo quiera ver en la actualidad, la ilusión de un mar interior.
El mito de El Dorado comenzó a desvanecerse lentamente durante la segunda mitad del siglo XVIII, a medida que las expediciones científicas y de límites proporcionaban un conocimiento más preciso de la geografía de la región,
La imagen del lago Parime, sin embargo, sobrevivió durante mucho más tiempo en la cartografía europea y continuó apareciendo en mapas hasta bien entrado el siglo XIX, cuando fue siendo sustituida por representaciones más precisas de la red hidrográfica de la región, mientras que El Dorado continúa teniendo mucho peso en nuestro imaginario.
En este mapa de 1732, en el que se menciona al abuelo del Mariscal Sucre, aparece el lago Parima sobre el nombre de Venezuela.
Otras investigaciones
Sin embargo el mapa de Hondius no ha dejado de ser estudiado y analizado desde distintas corrientes académicas, entre ellas: la investigación de cartografía histórica de Günter Schilder, que lo define como un instrumento de espionaje y propaganda geopolítica holandesa contra España, y la perspectiva antropológica de Neil L. Whitehead, que interpreta el mapa como el resultado de estrategias indígenas para desviar a los exploradores europeos.
Estas investigaciones demuestran que el mapa es una compleja mezcla de secretos náuticos y estrategias políticas indígenas, reflejando tanto la codicia europea por las riquezas de América como la resistencia nativa. Ambas líneas de investigación ofrecen perspectivas fundamentales para comprender la historia de la región.
Las investigaciones del historiador de la cartografía Günter Schilder han llamado la atención sobre las anotaciones marginales del mapa y, especialmente, sobre la información náutica utilizada para representar las costas de Guayana.

Una de las anotaciones del propio mapa afirma que las costas fueron dibujadas cuidadosamente, de acuerdo con sus verdaderas direcciones y posiciones, por un navegante que las había recorrido personalmente.
Esta información ha sido relacionada con la hipótesis de que Hondius pudo haber tenido acceso a datos procedentes de William Downe, un experimentado capitán inglés que navegó bajo las órdenes de Raleigh.
La importancia de esta hipótesis está en un hecho fundamental: Hondius nunca estuvo en América pero sus datos son muy precisos.
Por tanto, detrás de aquel mapa elaborado en Ámsterdam aparecen otras personas: navegantes que recorrieron aquellas costas, exploradores que recogieron información en sus viajes y poblaciones indígenas que conocían los ríos, las rutas y el territorio mucho antes de que los europeos comenzaran a representarlos sobre el papel.
Lago Parime en un mapa atribuido a W. Raleigh que estuvo extraviado durante 273 años, cuando fue adquirido por el Museo Británico en 1849.
El mapa, además, no solo decía qué había en aquel territorio. También ofrecía un dato extraordinariamente revelador, una ruta clara de navegación desde los ríos Orinoco y Esequibo hasta El Dorado.
Bajo la representación del río Esequibo aparece una descripción de las rutas utilizadas por las poblaciones de la región para desplazarse hacia el interior y comerciar. El texto señala también que los españoles no solían avanzar más allá del río Esequibo. Dice así:
«Los grupos/naciones circundantes a este río viajan por varios días, comenzando por un trayecto de un día desde la desembocadura del mismo río hasta el gran lago Parima. Desde allí, primero traen sobre sus hombros los productos de las afueras hasta el lago. Después, viajan con sus canoas y llevan los productos de las afueras de nuevo hasta el lago Salado para comerciar. Frecuentemente, los españoles no avanzan más allá del río Esequibo».
La información indígena
Por su parte, el antropólogo e historiador Neil L. Whitehead lo analiza desde la perspectiva de las sociedades indígenas que proporcionaron parte de la información que terminó convertida en un mapa.
Desde esta mirada, elementos como el mítico Lago Parime o los ewaipanoma no serían simplemente invenciones de la imaginación europea, sino el resultado de traducciones e interpretaciones equivocadas de relatos, mitologías y relaciones políticas indígenas.
Según este autor, las naciones y parcialidades caribes y yao (hoy extintos), concebían y conocían el territorio fundamentalmente a través de ríos, rutas de intercambios interétnicos y redes fluviales. Lo que para ellos podía ser un sistema de aguas estacionales, una determinada y rica región de caza y pesca o grandes mercados de intercambio, podía ser interpretado por los europeos como un lago permanente, una ciudad o un territorio lleno de riquezas. Así aquella información reinterpretada se plasmó en el grabado de Hondius.
Pueblos indígenas de Guayana por Ferrario-Fumagalli, 1821.
Pero Whitehead plantea algo todavía más interesante: esa información también podía tener una dimensión política. Los indígenas conocían el territorio y sus rutas y podían decidir qué mostrar y qué ocultar a los recién llegados. La obsesión europea por el oro podía convertirse, de este modo, en una herramienta de resistencia: dirigir a los exploradores hacia lugares alejados, peligrosos o controlados por grupos rivales, mientras se protegían otros espacios.
Esta tesis, propuesta años antes por la investigadora venezolana Carmen Helena Parés en su obra «Huellas de Ka-Tu-Gua» describe, casi poéticamente, la dificultad para que esas dos racionalidades tan opuestas pudieran entenderse, señalando:
«El español que llegó a tierras americanas se encontró con un mundo de fábula y magia que desbordaba sus sentidos. El karive supo aprovechar este encandilamiento para confundir al recién llegado y mantenerlo alejado de las tierras donde sembraba su yuca-mandioca y levantaba sus tapuy, sus churuatas o sus carbets, según las distintas denominaciones empleadas por los cronistas».
Toponimia
Hondius, de hecho, adoptó de forma sistemática la toponimia indígena, un tema ampliamente tratado por Parés, transmitida por los guías indígenas a los ingleses, en lugar de la nomenclatura oficial española. Nombres como Esequibo, registrado como Eßekebe, quedaron inmortalizados en la cartografía impresa gracias a este mapa de 1598, estableciendo un código geográfico y comercial que facilitó las alianzas directas de las flotas neerlandesas con los indígenas.
Al hacerlo, la cartografía neerlandesa redefinió de facto un espacio que España reclamaba por «derecho de descubrimiento», pero que apenas podía controlar militarmente. Quizás esto nos sirva para cuestionarnos el verdadero origen del nombre Esequibo, que algunos cronistas españoles asocian con Esquivel, apellido de uno de los marineros que acompañaron a Colón en su tercer viaje.
Algunas de las investigaciones mencionadas también señalan que la cartografía neerlandesa de finales del siglo XVI estaba estrechamente relacionada con el comercio, la navegación y la expansión de las Provincias Unidas —lo que hoy conocemos como Países Bajos—, que para entonces luchaban por librarse del dominio de la Corona española.
Un argumento clave de esta línea es la cronología de publicación. El mapa de Hondius se imprime casi en paralelo a las negociaciones de las treguas y alianzas de las Provincias Unidas en su guerra contra España. No fue un lanzamiento fortuito; fue un recordatorio cartográfico y una demostración de fuerza para el Almirantazgo holandés, probando que poseían la información necesaria para golpear las líneas de suministro de plata y oro del Imperio español en su propio territorio.
En este contexto el mapa de Hondius era una ficha geopolítica en el tablero de ajedrez que enfrentaba al naciente comercio neerlandés con el Imperio español. El objetivo neerlandés era claro: desafiar el monopolio de la Corona española en América y abrir las puertas a la colonización comercial de lo que llamaron la Wilde Kust o «Costa Salvaje».
1621, la institucionalización del mito
Tras décadas de expediciones holandesas basadas en este mapa, los Estados Generales de los Países Bajos otorgan la carta de constitución a la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (WIC), con Guayana como uno de sus objetivos comerciales prioritarios.
Desde finales del siglo XVI, las Provincias Unidas estaban desarrollando una poderosa actividad marítima y comercial mientras luchaban por independizarse de la Corona española, una guerra que duró 80 años (1568-1648), con sus treguas y tratados.
En ese contexto, conocer las costas, los ríos, las rutas de navegación y los lugares donde la presencia española era débil, tenía un enorme valor estratégico y es así como crea, en 1621, la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, en neerlandés Geoctroyeerde West-Indische Compagnie (WIC) una compañía de la marina mercante de los Países Bajos que operó entre los siglos XVII y XVIII, financiada por accionistas neerlandeses y extranjeros.
Antes de la creación de la WIC, ya existían viajes, intercambios y asentamientos neerlandeses en Guayana, pero al iniciar sus operaciones, la expansión comercial y militar neerlandesa en América adquirió una estructura institucional y con el tiempo el Esequibo se convertiría en una colonia neerlandesa de la que luego se apoderaría el Reino Unido.
En los textos del jesuita Felipe Salvador Gilij (1721-1789), publicados en Roma en 1780 bajo el título Saggio di Storia Americana, encontramos referencias al «Esquibo» como territorio bajo control holandés.
Gilij describe también el comercio neerlandés en la región y señala que los holandeses, desde sus asentamientos próximos a las bocas del Orinoco, intercambiaban armas de fuego, sables, telas y aguardiente por indígenas esclavizados destinados a las colonias neerlandesas del Esequibo.
El río Esequibo tenía, por tanto, una importancia que iba mucho más allá de su representación cartográfica. Era una vía de navegación. Una ruta de intercambio. Un camino hacia el interior y también una referencia para medir hasta dónde llegaba realmente la presencia española.
Los protagonistas olvidados
El contacto y el comercio con los holandeses y otros aventureros europeos alteraron profundamente las antiguas dinámicas socioeconómicas de la cuenca del Orinoco y las Guayanas.
Las epidemias, el comercio de esclavos y los enfrentamientos constantes transformaron sus modelos de ocupación e intercambio. La población indígena disminuyó drásticamente en pocos años y muchos pueblos, idiomas y culturas desaparecieron o fueron profundamente transformados.
Sus territorios quedaron progresivamente incorporados a las nuevas dinámicas mercantiles que se estaban imponiendo desde Europa.Y quizás ahí encontremos una de las claves para comprender la historia posterior del Esequibo:
Un territorio indígena que comenzó a convertirse, en los trazos de un antiguo grabado, en un territorio disputable por las potencias europeas. Una disputa en la que ellos como legítimos dueños, quedaron fuera.

NOTAS y BIBLIOGRAFÍA
EL MAPA - HONDIUS, Jodocus. Nieuwe Caerte van het wonderbaer ende goudrijcke landt Guiana, gelegenonder de Linie Aequinoctiael tusschen Brasilien ende Péru. Ámsterdam, 1598.
1.-En la actualidad es un mapa de "excepcional rareza" y gran belleza del cual sobreviven muy pocos ejemplares originales en el mundo. Las fichas técnicas de la Biblioteca del Congreso de EE.UU. y de la Bibliothèque Nationale de France (Gallica) ofrecen estudios detallados sobre su materialidad, el uso del color a mano y su impacto en la toponimia de los ríos Orinoco y Amazonas.
2.- Utilizo la palabra neerlandés en vez de holandés porque es el gentilicio general de los Países Bajos, un Estado miembro de la Unión Europea, y además el nombre correcto del idioma de todo el país; mientras que holandés se refiere estrictamente a la región de Holanda, formada por dos provincias,. Aunque popularmente se usen ambas palabras como sinónimos, los neerlandeses prefieren que se les conozca así por ser un gentilicio más incluyente.
ARDILA GUTIÉRREZ, Javier Ricardo. «Nuevo mapa de la maravillosa, grande y rica tierra de Guayana. Ámsterdam, 1598». Despojos en las Américas (Dispossessions in the Americas). University of Pennsylvania, 2024.
GILIJ, Felipe Salvador. Saggio di Storia Americana, o sia Storia naturale, civile e sacra de' regni e delle provincie spagnuole di Terra-ferma nell'America Meridionale. Roma: Luigi Perego Salvioni, 1780.
HUMBOLDT, Alejandro de. Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente. 2.ª ed. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana C. A., 1991. 5 vols. Traducción de Lisandro Alvarado, Eduardo Röhl y José Nucete-Sardi.
PARÉS, Carmen Helena. Huellas de Ka-Tu-Gua (Ensayos). Universidad Central de Venezuela, CDCH, Colección Estudios. Caracas, 1994, 203 p. ISBN 980-00-0675-3
PORRO, Jesús M.ª. «Un mito geográfico de larga tradición: La perduración cartográfica de la laguna Parime». Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, vol. XVIII, núm. 1032, 2013.
RALEIGH, Walter. El descubrimiento del grande, rico y bello imperio de Guayana. Prólogo, traducción y notas de Antonio Requena; notas complementarias de Demetrio Ramos Pérez; semblanza de Antonio Requena por Raúl Nass. Caracas: Ediciones Juvenal Herrera, 1986, 164 p.
SCHILDER, Günter. Monumenta Cartographica Neerlandica. VIII: Jodocus Hondius (1563-1612) and Petrus Kaerius (1571-c. 1646). Alphen aan den Rijn: Canaletto, 2007.
WHITEHEAD, Neil L. Lords of the Tiger Spirit: A History of the Caribs in Colonial Venezuela and Guiana, 1498-1820. Dordrecht: Foris Publications, 1988.
WHITEHEAD, Neil L., ed. The Discoverie of the Large, Rich and Bewtifvl Empyre of Guiana by Sir Walter Ralegh. Norman: University of Oklahoma Press, 1997.
