EL JUEGO DE PELOTA, ENTRE EL CIELO Y EL SECRETO DE LAS FLORES

EL JUEGO DE PELOTA, ENTRE EL CIELO Y EL SECRETO DE LAS FLORES

No solo en el México antiguo se jugaba a la pelota. No fue cosa sólo de mayas y aztecas, pueblos para quienes el juego de pelota no era una simple invención humana, sino una práctica de procedencia divina vinculada a los orígenes mismos del cosmos, tal como lo transmiten muchos de sus textos sagrados.

En la obra del sabio antropólogo mexicano Miguel León Portilla (1926 - 2019), sobre el tema del juego de pelota, se explica que existía la creencia de que los antiguos pueblos indígenas aprendieron el juego de los dioses, habiendo incluso sostenido competencias contra ellos, como lo ilustra el relato del gobernante Huémac desafiando a los señores de la lluvia o tlaloque.

Un juego de pelota decorando una vasija de cerámica maya. Cat.J. Kerr 

Esta contienda primordial era concebida como un enfrentamiento cósmico entre deidades y cuerpos celestes —como el sol y la luna—, cuyas reglas sagradas fueron posteriormente reveladas a los seres humanos para ser recreadas en la tierra como un ritual que propiciaba el contacto entre lo humano y lo divino, la armonía y la abundancia.

La pelota se elaboraba con hule o látex que obtenían del olcáhuitl o ulcáhuitl que quiere decir “el árbol del hule”. Las pelotas tenían un diámetro que variaba entre los diez y los treinta centímetros, eran macizas y muy duras, pero su característica principal, y la que más impresionaba, aún en la actualidad, es su capacidad de rebotar de un lado al otro, como el sol mismo.

Así, el juego de pelota se consolidó como una reactualización de portentos divinos donde el movimiento de la esfera de hule simbolizaba el equilibrio y la dinámica del universo en una batalla constante entre la luz y las tinieblas.

En ese mismo texto que puedes descargar desde la web encontramos este hermoso canto: 

   Ya va a lucir el sol,

   ya se levanta la aurora,

   liban la miel

   los variados pechirrojos,

      se levanta la flor.

   En la tierra te pones,

   junto a las estrellas...

   tú, el señor Quetzalcóatl...

        Juega a la pelota,

        juega el viejo Xólotl, -el doble de Quetzalcóatl-­

  en el mágico campo

  del juego de pelota

       juega el viejo Xólotl,

   el que viene del lugar de los jades,

   -de la región de las aguas-

             ¡míralo!

   ¿Acaso ya se tiende

   el Príncipe Joven,

   -el del linaje de la flor-

   en la casa de la noche? i

 

Pero más allá de ese antiguo origen divino, hoy es posible construir un relato que entrelaza la riqueza botánica de las Américas con su vasta diversidad cultural a través del estudio del látex, la materia prima de esas pelotas sagradas.

Las fuentes describen un continente cuyos habitantes lograron, hace milenios, dominar la química y la mecánica de los polímeros naturales, lo que permitió el florecimiento de lo que podríamos llamar, una "red social de hule" que abarcaba desde los desiertos del norte hasta la cuenca del Amazonas. 

Sin embargo, el hule era solo uno de los tantos productos, conocimientos, mitos y costumbres que los pueblos indígenas intercambiaron durante cientos y cientos de años, mediante una compleja y extensa red de rutas comerciales, aunque hoy en día no sepamos con detalle cómo funcionaba.

La flora del caucho: El Árbol que Llora

América posee una biodiversidad excepcional de especies laticíferas, con más de 2.000 plantas reportadas que producen esta sustancia que conocemos como látex. Históricamente, las más relevantes han sido la Castilla elastica 

 

y la Hevea brasiliensis

Pero también encontramos:

El guayule (Parthenium argentatum), un arbusto plateado de flores amarillas que prospera en las zonas semiáridas del norte de México y el sur de Estados Unidos.

La Hancornia speciosa: Utilizada en Brasil por pueblos como los haliti o paressi del Mato Grosso, de lengua y cultura arawak, que fabrican pelotas huecas de notable ligereza.

El árbol de sanno, en Moxos (Bolivia), descrito por misioneros jesuitas, como una especie de gran belleza, con flores blancas cuyo aroma les recordaba a los jazmines y un fruto de sabor agradable, de cuya resina los indígenas obtenían las pelotas para el juego. 

                        

             Mapa de las misiones jesuitas en Moxos

El término "sanno" corresponde a una denominación indígena histórica recopilada por los jesuitas que operaron en la región de Moxos entre 1682 y 1767. En la actualidad se desconoce a cuál especie botánica pertenece exactamente ese nombre. Sin embargo, por la descripción que hacen de su resina elástica, los botánicos e historiadores coinciden en que se trata del árbol del caucho nativo, perteneciente a la familia de las moráceas, alguna variantes amazónicas de Hevea que se dan en esa regn de la Amazonia boliviana.

Las principales diferencias entre el hule mesoamericano y el amazónico radican en su origen botánico, sus propiedades físicas y los métodos de procesamiento utilizados tradicionalmente para extraer el látex.

1. Origen botánico y terminología

Hule mesoamericano: Se extrae principalmente de la planta Castilla elastica, una especie tropical común en Mesoamérica cuya presencia se extiende hasta las costas del Ecuador, conocida como "hule criollo" o ulli en náhuatl.

Caucho amazónico: Proviene de la Hevea brasiliensis, originaria de las cuencas del río Amazonas. Los indígenas de la región lo llamaban kautchu ("árbol que llora" o "palo que da leche"), término que dio origen a la palabra caucho. También se le conoce como siringa o goma.                              

2. Calidad y elasticidad

Existen diferencias marcadas en la calidad de sus polímeros según la especie:

La resina de la Hevea brasiliensis (amazónica) es considerada la más valiosa por ser más elástica que la de la Castilla elastica.

Debido a su abundancia y facilidad de aprovechamiento, la Hevea se convirtió en el recurso económicamente viable para la producción industrial mundial, representando hoy el 99% del látex natural, aunque en el pasado, su extracción, con la llamada "Fiebre del Caucho", ocasionó una grave crisis humana, social y ambiental en la Amazonia.

3. Técnicas de Extracción

Históricamente, el caucho de la especie Castilloa se obtenía a menudo derribando el árbol para extraer el látex, mientras que la "goma" de la Hevea se extraía mediante incisiones en la corteza que permitían el goteo de la savia sin matar la planta.

No obstante, fuentes mesoamericanas también describen el proceso de rallado o sangrado de la Castilla elastica mediante cortes en forma de V para recolectar el látex.                                                           

La savia de estas plantas posee un aspecto blanquecino y una textura semilíquida de gran densidad. Para su obtención, se hacen unas incisiones en forma de V o en espiral en la corteza del tronco del árbol para que la savia fluya hasta un envase colocado previamente. Esta práctica se suele realizar al amanecer y preferiblemente cuando los ejemplares todavía son jóvenes, que es el momento en que más savia producen. 

Afirman que el “sangrado” es beneficioso para el árbol, ya que esa savia que se recoge es un desperdicio sobrante y al retirarla se consigue que el árbol crezca y se regenere más rápido.

4. Procesamiento y Vulcanización

La mayor diferencia tecnológica documentada se encuentra en cómo los pueblos antiguos estabilizaban el material:

En Mesoamérica: Los artesanos dominaron una ciencia química exacta al mezclar el látex de la Castilla elastica con el jugo de la enredadera Ipomoea alba (flor de luna). Este proceso de vulcanización orgánica permitía ajustar la elasticidad: usaban una proporción de 1:1 para pelotas de gran rebote y 3:1 para suelas de sandalias más duraderas.

                                                               

En la Amazonía se han documentado métodos distintos, como el uso de una rueda de paletas que giraba en medio del humo de una hoguera para obtener bolas de caucho ahumado.

Otros pueblos, como los baure de la región de Moxos en Bolivia, fabricaban pelotas recubriendo un núcleo de barro con látex, secándolo al sol y luego disolviendo el barro con agua para dejar una esfera hueca e inflable.

Este dato demuestra que en América, hace miles de años, ya dominaban los principios de una tecnología que sigue siendo usada en la fabricación de las pelotas con las que se practican, por lo menos, 15 tipos de juegos diferentes.

         Una comunidad baure en 1909.

En resumen, mientras que Mesoamérica perfeccionó la vulcanización química con otras plantas para crear pelotas macizas y pesadas, la Amazonía aprovechó una especie botánica superior en elasticidad natural para usos que incluían desde pelotas huecas hasta la impermeabilización de textiles.

La "Alquimia" de la vulcanización y la Flor de Luna

El látex crudo es una sustancia inestable; se vuelve pegajoso con el calor y quebradizo con el frío, pero como bien señalamos en el video de YouTube, hace más de 3.500 años, los antiguos químicos americanos descubrieron que al mezclar el látex con el jugo de la Flor de Luna, se producía una reacción química similar a la del azufre, logrando una vulcanización orgánica.

Esta planta, que tiene distintos nombres según la región, es nativa de América y se le consigue de norte a sur. También se cultiva en otras zonas tropicales del mundo por sus hermosas y fragantes flores blancas que se abren al caer la noche. Además de sus flores, sus hojas y tallos se han usado en la medicina tradicional y aparece descrita en los relieves de Chichén Itzá como una flor de gran belleza, con forma de campánula y estambres ostentosos, cuyas propiedades alucinógenas también la vinculan con el mundo espiritual. 

Como esta hay otras flores y otras técnicas para lograr que el látex se convierta en un material resistente capaz de rebotar

En Mesoamérica encontramos otras dos especies de plantas trepadoras, nativas de las áreas mayas, cuyos jugos contienen compuestos químicos idóneos para coagular y "vulcanizar" el látex del árbol de hule:

La Merremia tuberosaconocida como rosa de madera o campanilla amarilla, cuyo jugo es rico en compuestos que estabilizan las cadenas de polímeros del caucho nativo, y

 

la Merremia umbellataconocida comúnmente como cajete o trepadora amarilla. Es el tercer coagulante natural descubierto en hábitats mesoamericanos capaz de procesar el látex para crear pelotas.

 

Todas estas plantas pertenecen a la familia de las convolvuláceas. El azufre y los ácidos orgánicos presentes en su savia actúan directamente sobre el látex fluido, eliminando los componentes que lo vuelven quebradizo al secarse y generando los enlaces elásticos necesarios (enlaces cruzados) para el rebote.

Por su parte en el resto de América, especialmente en la cuenca del Amazonas y el Caribe, los pueblos indígenas descubrieron de forma independiente una variedad de aditivos botánicos para coagular y estabilizar el látex del árbol de la shiringa (Hevea brasiliensis) y de otras especies locales:

Savia de lianas (Apocynaceae y Moraceae): En la Amazonia profunda, los indígenas mezclaban el látex con la savia ácida de ciertas enredaderas trepadoras de los géneros Forsteronia y Prestonia. Estos jugos aceleraban la separación del agua y espesaban el caucho de manera uniforme.

El humo de palmeras ricas en carbono, uno de los métodos más extendido en Sudamérica no consistía en añadir el jugo de otra planta, sino en someter el látex fresco al humo denso de la quema de frutos de palmeras nativas, como el urucurí o atalea (Attalea excelsa) y otras. El humo de estas nueces libera de forma natural ácido acético, fenoles y trazas de compuestos químicos que actúan como agentes fijadores. Al girar el látex sobre una paleta expuesta a este humo, se generaba una vulcanización térmica y química rudimentaria muy resistente.

Jugos cítricos y ácidos silvestres: otras comunidades amazónicas utilizaban extractos de frutas ácidas y plantas ricas en compuestos cítricos. El cambio drástico en el pH desestabiliza la emulsión coloidal del látex, permitiendo que las moléculas de hule se agrupen rápidamente y poder moldearla.

 

    Fútbol en Canaima, Venezuela

Esta diversidad de especies y procesos está a su vez relacionada con varios mitos de origen y con la diversidad de modalidades deportivas que reflejan la identidad de cada pueblo. Aunque son muchas las maneras de jugar a la pelota podemos señalar entre ellas las siguientes:

El Pok-ta-pok / Tlachtli en Mesoamérica, juegos en los que se utiliza principalmente la cadera, el muslo y el antebrazo para pasar una pelota maciza de hasta 4 kg por aros de piedra o de un jugador a otro.

En el Orinoco, los guerreros otomaco utilizaban exclusivamente el hombro derecho con tal violencia que desarrollaban callos durísimos; las mujeres, por su parte, practicaban otra modalidad en la que usaban palas de madera para lanzar y atajar la pelota. 

En el Caribe, los taíno jugaban el batú, en el que participaban dos equipos de doce jugadores cada uno, al igual que los otomaco, que se enfrentan en un campo plano o batey delimitado por piedras.

En Paraguay, los guaraní jugaban el Manga Ñembosarái, dominando el uso de los pies para dirigir la pelota, siendo reconocidos por algunos investigadores como los precursores del fútbol moderno.

Jugando pelota en las misiones del Paraguay.

 

Más allá del deporte

El hule no era solo un producto obtenido de una particular mezcla química o mecánica de distintas plantas de hermosas y perfumadas flores, era ante todo un receptáculo de energía (tonalli) cuando se convertía en una esfera, un elemento sagrado aunque su materia prima también se utilizara en la farmacopea, para hacer calzado, moldear figurillas o bien como adhesivo para herramientas de piedra, para impermeabilizar capas y bolsas y muchas otras cosas más.

En contextos rituales, el juego simbolizaba una batalla cósmica entre la luz y la oscuridad, donde el rebote de la pelota representaba el movimiento del sol. Los jugadores actuales describen su práctica como una "memoria corporal" o "códice corporal", sintiendo que sus ancestros juegan a través de ellos, manteniendo vivo un legado tecnológico y espiritual que la historia oficial no ha logrado borrar.

 Jóvenes pemón de la Gran Sabana en Venezuela celebrando un encuentro deportivo. Foto cortesía de Elier, el tercero de derecha a izquierda.

Tal como señala la investigadora valenciana Alida Zurita B. en una ponencia: 

«El juego es el lugar donde se mezcla lo sagrado y lo profano... el hombre moderno sin darse cuenta repite el gesto inmemorial de sus antepasados, indicación clara de que estamos en presencia de la función básica del ser: El juego... Es la cancha y el campo de juego el espacio simbólico para crear y explicar la importante diferencia que existe entre la vida y la muerte».

 

 

Foto Carmen Elena Salas G. 2026

 

Bibliografía consultada:

1. Tecnología y Botánica del Hule (Látex y Vulcanización)

Molina Martínez, R. F. y Lesher Gordillo, J. M. (2008). El látex en México: Una visión histórica. Revista SLTCaucho. 

Tarkanian, M. J. y Hosler, D. (2000). "La elaboración de hule en Mesoamérica". Arqueología Mexicana, Vol. VIII, No. 44, pp. 54-57.

2. Arqueología, Simbolismo y Agricultura

Taladoire, Eric. (2015). "Las aportaciones de los manuscritos pictográficos al estudio del juego de pelota". Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. 

3. Registros Etnohistóricos (Sudamérica y Antillas)

Stern, Theodore. (1948). The Rubber-Ball Games of the Americas. J.J. Augustin. (Fuente clave para el dato de la planta Hancornia speciosa y las pelotas huecas de los paressi en Brasil).

Ruiz de Montoya, Antonio. (1639). Tesoro de la lengva gvarani. Madrid. (Referencia para el Manga Ñembosarái en Paraguay).

Gumilla, José. (1745). El Orinoco Ilustrado y Defendido. Madrid. (Relatos sobre los otomaco y el juego de hombro).

Eder, Francisco Javier. (1772). Breve descripción de las reducciones de Mojos. (Descripción de las pelotas inflables y de globo de los baure en Bolivia).

Panqueba Cifuentes, Jairzinho Francisco. (2020). Códices corporales mesoamericanos. Chaaj, Pok-ta-pok y Chajchaay. Tesis Doctoral, UNAM.

Recinos, Adrián. (2000). El Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché. Fondo de Cultura Económica. (Base para los mitos de los Héroes Gemelos y el origen sagrado).

Zurita Bocanegra, Alida (2007).Los juegos de pelota en América Valencia: II Congreso de Pelota a Mano

iLeón Portilla, Miguel. (2020) El juego de pelota en el México antiguo (p. 419-438) Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas/El Colegio Nacional. Disponible en PDF en: http://www.historicas.unam.mx/ Publicado originalmente en: Historia 16, Madrid, 1986, año XI, n. 127, p. 81-89, 92 y 93.

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