LA CAIMANA DE FAORO

LA CAIMANA DE FAORO

Beatriz Bermúdez Rothe

Artículo publicado originalmente en febrero de 2022 como parte de una serie dedicada a los caimanes y cocodrilos en la literatura infantil.

Cuentan en San Fernando de Apure que, hace muchos años, cuando el siglo XX andaba por la treintena y la venta de pieles del caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius) era un negocio lucrativo, unos cazadores de caimán le regalaron a Faoro un caimancito de apenas unos días de nacido.

De inmediato, el mencionado señor colocó al animalito en el bolsillo de su camisa y, cuando llegó a su casa, se acostó a descansar en su hamaca. Sacó al caimancito del bolsillo que de inmediato se acurrucó sobre su pecho. Desde entonces, sus corazones se acostumbraron a oírse mutuamente.

Caimán recién nacido. Fotografía de Álvaro Velasco.

Se trataba de un caimán de esos que los cazadores llamaban «tigrito», porque a pesar de que su piel es muy oscura al salir del cascarón y presenta manchas negras a los costados del cuerpo, al crecer se torna amarillenta, conservando dichas manchas. El caso es que a este caimancito lo llamaron «Negro», y así se quedó.

Toda esta historia suena muy bonita, pero la verdad verdadera es que Faoro se dedicaba, entre otras cosas, a comerciar con las pieles de caimán, cacería que ocasionó la muerte de miles y miles de estos animales durante años.

A quienes les interese saber más sobre este tema, les recomiendo el excelente artículo de Ernesto Boede W. y Rafael Hoogesteijn, del cual he tomado datos e imágenes.

Faoro (figura central de pie y sin sombrero) y los cazadores de caimanes. Aunque esta fotografía aparece como tomada por el mismo Faoro, en el mencionado artículo, es poco probable que así fuera. Imagen adquirida por el padre de Ernesto Boede en San Fernando de Apure, en 1932.

Por su parte, los caimaneros o cazadores de caimanes que trabajaban para Faoro, conocedores de que las caimanas son madres muy celosas de sus crías, utilizaban a los caimancitos recién salidos de la nidada para atraerlas hasta donde ellos pudieran cazarlas con mayor facilidad y menor riesgo. Lo cierto es que las crías, al sentirse en peligro, emiten un chillón llamado de auxilio, desmintiendo así la popular creencia de que los caimanes y cocodrilos son mudos.

Dado que de cada nidada pueden salir unos 20 caimancitos como mínimo, los cazadores solían tomar los que necesitaban para su faena y el resto lo regalaban o lo dejaban de su cuenta.

Escena de cacería de caimán obra de Nelsón A. Barragán. Imagen tomada del mismo artículo de Boede y Hoogesteijn antes mencionado. En la pintura, además del arpón y la linterna, se ve a uno de los cazadores con una cría en la mano izquierda para atraer a la caimana que ataca la canoa.

 

QUIÉN FUE FAORO

Según algunos historiadores y cronistas apureños, Giuseppe Faoro, conocido en Apure como Don José, nació en Brescia, al norte de Italia, en 1897 y llegó a Venezuela siendo un adolescente. Inicialmente Faoro se estableció en Los Teques. Luego, junto al también italiano Antonio D'Anello, llega a San Fernando de Apure, en aquel tiempo próspero pueblo de Los Llanos, situado en la margen sur del río Apure, donde montan una joyería. Años después, Faoro se independiza, compra una casa y monta su propio negocio.

En esa casa vivió Faoro el resto de su vida. Vida que compartió con Ángela Filomena Estévez y su familia, una llanera con quien se casó poco antes de morir, el 8 de julio de 1972. No tuvieron hijos propios, pero criaron y levantaron a una docena de muchachos, entre niñas y niños.

Quienes conocieron personalmente a Faoro cuentan que era un hombre muy trabajador y afable; discreto y, a veces, taciturno; delgado, de contextura fuerte y mediana estatura, con la piel y los ojos claros. Un hombre de muchas facetas, con diversos intereses y destrezas.

Como hemos leído, Faoro aprendió desde muy joven el arte de la orfebrería y a llevar un negocio. A la gente de Apure le gustaba mucho su trabajo como orfebre porque era original y refinado. Elaboraba por encargo todo tipo de prendas en oro y piedras preciosas, y hasta dientes de oro. También cuentan que en muchas de esas prendas utilizaba colmillos de caimán, azabaches y huesos de peces, elementos todos a los que se les atribuyen propiedades mágicas o curativas contra las picaduras de serpiente, mal de ojo y esas cosas.

Pieles de tigre y cabezas de caimanes expuestos en la casa donde funcionaba el negocio de Jośe Faoro

Además de reconocido y afamado joyero y comerciante, Faoro fue también herbolario y, como tal, se dedicaba a elaborar medicamentos naturales para tratar distintas dolencias. Esto contribuyó a su fama, ya que uno de sus preparados, el llamado «Felisbesta», que servía para engordar el ganado, era muy solicitado. Por mí parte, siempre me ha parecido que el ganado vacuno en Apure sufre de flacura por más pasto que coman, pero no sé cómo, dan buena carne.

Rebaño de ganado apureño. Imagen tomada de la web.

Faoro es ese tipo de personas que nos enseñan que el mundo no es en blanco y negro y que entre el bien y el mal hay infinitos matices. Por un lado, amaba a los animales y tenía dotes de amaestrador y por otro, negociaba con plumas de garza, pieles y dientes de caimán y de jaguares o tigres. Además, aparte de la muchachera que crió junto a Ángela, también crió animales muy particulares. Al respecto, cuenta Don Francisco Castillo Serrano en no sé qué página de su obra, El Último Violín: apuntes testimoniales de Apure, lo siguiente:

«Entre aquellas curiosidades se contaban una grulla, que Faoro peinaba en su regazo al amanecer, para luego verla volar libre y elegante por el cielo de San Fernando; un casal de puercoespines, compañeros inseparables de sus diarias caminatas por la plazoleta Sucre; dos cunaguaros y un enorme tigre...»

 

Puercoespín (imagen tomada de Selwo-Marina)

También cuentan que tenía aves cantoras, tortugas, peces, chigüires y báquiros. Definitivamente, Faoro se entendía bien con los animales y con las plantas. Sin embargo, fue la profunda y particular relación que mantuvo durante años, y aun después de su muerte, con aquel caimancito que resultó caimana, la que ha permitido que su memoria perdure en el tiempo y que se escriba y hable sobre ellos aún hoy en día. 



Plaza en Apure en la que encontramos figuras de animales propios de la región. La imagen fue tomada de la página web https://alpargataviajera.com de la apureña Kaiser Solano.

 

NEGRO O NEGRA

El caimancito, al que habían llamado Negro, siguió durmiendo en el pecho de Faoro hasta que su peso y tamaño se lo permitieron. Alcanzó más de tres metros de largo, cambió de color, era muy fuerte y pesada, pero dócil y tranquila. Durante el día, se paseaba por toda la casa y también por el negocio, siempre cerca de Faoro, o reposaba plácidamente en el estanque que le habían construido en el patio. Cuando llegaba la hora de dormir y Faoro se metía en la cama, la caimana se le acercaba y posaba su cabeza en el pecho de Faoro.

Algunas personas afirman que a veces se trepaba en la cama y, cuando Ángela y Faoro se quedaban dormidos, se bajaba cautelosa y se acostaba en el suelo, muy cerca de ellos. Otras cuentan que cerca de la medianoche se iba al patio y, si hacía mucho calor, se sumergía en el estanque, pero también que a veces, la muy tremenda, se trepaba en otras camas, asustando a parientes y visitas. Me contaron, yo nada vi, que Faoro tenía un silbido y un particular gesto para llamarla y que, al escucharlo, ella atendía de inmediato.

 

Barbel Saarmann junto a la caimana. Fotografía tomada por Josef Fischer en 1961, quien aparece en la imagen siguiente capturando crías de caimán en Apure, las que luego donaría a un zoológico en Viena.

Con el tiempo, la caimana se convirtió en una verdadera atracción en San Fernando y era visitada por gente notable y hasta famosos artistas con quienes se tomaba fotos de buena gana. Al parecer, Faoro nunca quiso recibir ningún beneficio económico por ella ni hacer ningún negocio con su imagen. Hasta dejaba que niñas y niños se treparan sobre ella y le hicieran travesuras, tal como podemos ver en muchas imágenes que circulan por la web.                                                                

 

La caimana era alimentada regularmente con unos cuantos kilos de pechugas y muslos de pollo y, a veces, con pescado de mar. No le daban peces de río, aunque sabemos que estos, y la carne de lapas o chigüires, son de las presas más apetecidas por los caimanes y, como cuentan por ahí, también los perros. Sin embargo, no se supo que se comiera a algunos de los otros animales de Faoro. Lo que sí es posible es que se zampara unas cuantas ranas y sapos en el patio y quién sabe qué otro bicho; lo cierto y probado es que, de alguna manera, engulló unas piedras que después de muerta le encontraron en la panza.

Otro dato interesante es que tal como ocurrió con la caimana de la Estación Biológica de Pto. Ayacucho, se supo que «Negro» no era un caimán macho como habían supuesto, porque un día encontraron una nidada con varios huevos que puso en alguna madrugada. Eran huevos no fertilizados, por lo que no eclosionaron ni nacieron caimancitos.

 

Caimana del Orinoco con su nidada.

Fue entonces cuando empezaron a llamarla "La caimana", aunque Faoro continuó llamándole «Negro» y ella continuó siguiéndole a todas partes y colocando la cabeza sobre su pecho para oír latir su corazón. ¡Hasta dejó que Faoro le colocara unas fundas de oro en sus colmillotes, con las que luego se lucían en la plaza del pueblo durante las fiestas de carnaval! Pero aquí no termina esta historia que pica y se extiende...

Faoro colocando las fundas de oro en los colmillos de la caimana. Imagen cortesía de Vladimir Hidalgo Loggiodice.  

Algunas de las fuentes consultadas: 

Ernesto Boede W. y Rafael Hoogesteijn https://www.researchgate.net/publication/322683075_LA_CAZA_COMERCIAL_DEL_CAIMAN_DEL_ORINOCO_CROCODYLUS_INTERMEDIUS_EN_VENEZUELA_1894-1897_1929-1963_CONSIDERANDO_METODOLOGIAS_Y_RELATOS_DE_LA_EPOCA

Castillo Serrano, F, El Ultimo Violín: apuntes testimoniales de Apure". Ediciones Puerta del Sol, Mérida (Venezuela), 2002

Vladimir Hidalgo Loggiodice conversaciones y artículos publicados en su Blog y en otros medios. https://hidalgovladimir.blogspot.com/

¡Conoce al Caimán del Orinoco! Un reptil fascinante y su lucha por la supervivencia. Canal de Río Verde  https://youtu.be/80pulg9vMsI?si=0ln3brPZizHrLOZb

PRÓXIMA ENTRADA: LA CAIMANA Y EL ESPANTO


 

Regresar al blog

Deja un comentario