CAIMANES, COCODRILOS, TRADICIÓN ORAL Y LITERATURA INFANTIL
Ilustración de Olga Cuellar, portada de su libro "Mis números", de la serie MIS de Alfaguara-Loqueleo 2012.

CAIMANES, COCODRILOS, TRADICIÓN ORAL Y LITERATURA INFANTIL

El caimán y su pareja la caimana, al igual que los cocodrilos y muchos otros animales temibles o amigables, reales o imaginarios, siempre han estado presentes en la tradición oral y literaria de todos los pueblos del mundo, hablen chino o yanomami. Esto suele ser un gancho seguro para atraer la atención de niñas y niños sobre lo que se narra, pero no es solo por eso. La fascinación que ejercen los animales sobre nosotros es profunda. Esto es así por muchas y diversas razones, pero para mí, la de mayor peso es aquella que nos dice cuan cerca estamos las unas, las personas, de los otros, los animales. Sean estos monos o libélulas.

La verdad es que humanos, animales, plantas y hasta elementos como el agua y el aire formamos parte de un todo, de una única energía vital. Una energía que está en constante movimiento y transformación y que como dicen algunos textos sagrados “nos da aliento de vida”. En muchas ocasiones el ser humano, comprendiendo esta verdad, ha convivido armónicamente con el resto de las especies que habitan en el planeta, aunque haya tenido que enfrentarlas o valerse de ellas para subsistir, pero también, en muchas otras, se ha convertido en el peor enemigo hasta de sus propios congéneres.

Volviendo al caso particular de caimanes y cocodrilos, estos han tenido y aún tienen un importante sitial en la mitología de los pueblos amerindios. Entre los yanomami de la Amazonia venezolana, por ejemplo, se oye con frecuencia el mito de Iwariwé, el “dueño del fuego”, ancestro de las babas (Caiman crocodylus o Caiman sclerops), un caimán egoísta que llevaba oculto entre sus fauces el fuego con el que cocinaba sus alimentos. Algunas versiones narran que era en la panza, no en la boca, pero casi todas coinciden en la manera divertida en cómo, con ayuda de las aves, los yanomami lograron robarle el fuego al caimán.

Ilustración de Vanessa Balleza para la portada del libro «Iwariwé, el dueño del fuego”

Hay también un mito maya sobre el cacao que habla de la relación de esta planta con animales como el cocodrilo, pero quizás el mito más fascinante de los que he leído, es el mito nahúatl de Cipactli, el gran cocodrilo y del que ofrezco una versión resumida en otra entrada.

En Chichén Itzá se encontró un relieve con la imagen de un árbol de cacao que conforma el cuerpo erguido de un gran saurio. Estructura 3C6 (figura 14)

Otro mito que se oye en la Guajira, es el que recientemente nos contara el amigo y colega Weildler Guerra C. en uno de sus artículos dominicales. https://revistaentornos.com/los-perros-como-traductores/
En sus palabras:

Cuenta una narración indígena que entre los seres más elocuentes del universo
se encontraban los caimanes. Teniendo que asistir a un litigio en el que necesitaba de esa habilidad retórica, el perro pidió prestada al caimán su afamada lengua para argumentar hábilmente y así vencer en la disputa. A pesar de su ayuda, una vez obtenido el triunfo, el ingrato can no le devolvió al reptil el órgano prestado y desde entonces los caimanes son mudos. Esta conducta selló un antagonismo eterno entre ambas especies y por ello cuando algún perro se acerca a los cuerpos de agua los caimanes los devoran reclamando la lengua perdida (…).
[Weildler continua con una referencia que apoya lo que anteriormente  señalara sobre la relación entre los seres humanos y las otras especies que habitan el planeta]

… En una estimulante obra llamada “Cómo piensan los bosques” [Editorial ABYAYALA, Quito, 2021], el antropólogo Eduardo Kohn nos habla de cómo las selvas tropicales pueden hacer evidente una rica densidad semiótica conformada por el pensamiento interrelacionado de diversos seres vivientes que en muchos casos no es inteligible para los humanos. Aves, insectos y monos pueden desencadenar movimientos colectivos en diversas especies y alertar sobre un peligro potencial. Las relaciones entre esos pensamientos vivos hacen del bosque lo que es: una ecología de relaciones, densa y floreciente…

Tucán, aves de hermoso vuelo y plumaje que solo habitan en las selvas tropicales de América y que al igual que muchas otros animales, emiten sonidos o vocalizaciones que avisan al resto de la bandada de algún peligro.

La narración mítica referida por Weildler, nos hace recordar otra popular y antigua fábula africana, recogida por Samaniego (Félix María Samaniego, País Vasco 1745 – 1801) la cual nos ofrece una visión particular de la relación entre canes y saurios. En el enlace que sigue puedes leer o descargar una publicación ilustrada por Olga Cuéllar, que contiene otras de las fábulas de Samaniego y donde además, encontrarás una interesante biografía de este afamado autor.

EL PERRO Y EL COCODRILO

Bebiendo un perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
«¡Bebe quieto!», le decía
un taimado cocodrilo.
Dijole el perro, prudente:
«Dañoso es beber y andar;
pero, ¿es sano el aguardar
a que me claves el diente?»
¡Oh; qué docto perro viejo!
Yo venero su sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.

El perro y el cocodrilo del Nilo, El crisol de la cordura, 2012

UN COCODRILO AFRICANO EN LA RUSIA IMPERIAL
Un poco más allá del Orinoco, en la Rusia imperial de siglos pasados, nos encontramos con un popular cuento ambientado en África y titulado “Barmale o ¡Bahr-mah-ley!”, que narra como una niña y un niño se van a pasear solos, aprovechando que sus padres dormían, y son atrapados por un malvado pirata conocido como Barmale, quien, como era su costumbre, pensaba merendarse a las criaturas. Sin embargo, estas fueron oportunamente liberadas por un valiente y enorme cocodrilo.

Ilustración que aparece en una de las tantas ediciones de BARMALEY

En 1929, Korney Ivanovich Chukovsky, (1882-1969), un reconocido escritor ruso, escribió una versión poética del cuento de Barmaley que pronto se hizo famosa y que dice algo así más o menos:

¡Niñas, niños!
Por nada del mundo
vayáis a África.
No vayáis a pasear por África.
En África hay tiburones,
en África hay gorilas,
en África hay grandes y malvados cocodrilos…

En África hay un ladrón,
en África hay un villano,
en África está el terrible
¡Bahr-mah-ley!
Corre por África
y come niños.
¡Repugnante, despiadado, codicioso Barmaley!

Portada del libro de Chukovsky donde aparece el poema de Barmale y otros
poemas infantiles rusos recreados por él.

La fama de esta versión fue tal que alcanzó a llamar la atención de las personas de origen africano radicados en la Rusia de entonces, a la que llamaban Unión Soviética o algo parecido, a quienes no les gustó la imagen que el relato mostraba de su África natal y decidieron hacer algo al respecto. Algo llamativo y tan perdurable en la memoria como el cuento en cuestión. Fue así como surgió la idea de construir una enorme fuente que fue erigida en Stalingrado en 1933. La fuente, que estuvo a cargo del escultor soviético Romuald R. Lodko (1894 -1974), recibió entonces el nombre de Druzhaba, que en ruso significa “amistad” y representa a un grupo de niñas y niños danzando una ronda alrededor de un amigable cocodrilo. Tal como lo representa, de alguna manera, el poema de Chukovsky y la narración original.

la Fuente de Barmaley durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

El caso es que la fuente, se hizo tan famosa como el cuento porque sobrevivió a los bombardeos ocurridos en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, durante una de las batallas más largas y sangrientas de las que tenga memoria la humanidad. Años después, la fuente fue restaurada y le cambiaron el nombre a la ciudad y Rusia volvió a llamarse Rusia, pero esa es una historia muy larga y complicada que es mejor buscar y leer en libros de historia. Hoy existe una hermosa réplica de la fuente en el mismo lugar donde estuvo originalmente y popularmente se le conoce como la “Fuente de Barmaley”. Allí, niñas y niños rusos continúan danzando el tradicional khorovod alrededor de un amigable cocodrilo, mientras enormes sapos vierten agua por la boca.

Fuente de Barmaley restaurada

Si quieren conocer la versión completa del poema de Chukovsky hay que ir a la fuente, no en Rusia, sino buscarlo por Internet. Sin embargo, es importante acotar que este autor, y sus obras infantiles sobre cocodrilos y otros bichos, merecen una entrada aparte. Por ahora les dejo en enlace de lo que hoy es un museo en su honor y que bien vale una visita virtual.

https://www.hisour.com/es/house-museum-of-korney-chukovsky-moscow-russia-50420/

Korney 11 Chukovsky (C) leyendo sus cuentos en Moscú a su público predilecto.

Fuente: Alexander Batanov / TAS

Otra fuente alusiva a los cocodrilos, en este caso al caimán del Orinoco, es la Fuente de los caimanes en San Fernando de Apure, al sur de Venezuela, una región de tierras llanas y grandes ríos donde una vez los caimanes fueron tantos que se contaban por miles. En esta fuente, los caimanes no tienen nada de amigables pero no por ello es menos hermosa. Es una de las obras de Alejandro Colina, (1901– 1976) un reconocido escultor venezolano quien vivió por muchos años entre los pueblos indígenas y tuvo la oportunidad de navegar por el Orinoco y otros ríos del sur. La fuente en cuestión fue inaugurada a mediados de los años 60, justo cuando la amenaza de extinción sobre el caimán del Orinoco parecía inminente. Ahora, el caimán del Orinoco es una especie protegida pero está muy lejos de lo que fue hace apenas 100 años.
https://apureespurollano.blogspot.com/

Fuente de los caimanes en Apure

Supongo que esta amenaza de extinción fue una de las razones por las que Ana Merino lo menciona en uno de sus poemas. Se trata de “Caimanes y cocodrilos”, el cual aparece en su libro “Hagamos caso al tigre”, ilustrado por Max y publicado por Anaya en Madrid, 2010.

CAIMANES Y COCODRILOS
Siempre tuve mucho lío
intentando dibujar caimanes y cocodrilos.

Me parecen parecidos
el caimán y el cocodrilo,
y no me puedo acercar
demasiado a la gran charca
donde nadan a sus anchas
porque tienen apetito
y me podrían zampar
en tres o cuatro mordiscos.

Caimanes y cocodrilos
al dentista nunca han ido,
aunque se le caen los dientes
muchos más les han salido.

El cocodrilo, me cuentan,
puede visitar el mar
porque se guarda en la lengua
unas glándulas de sal.

Del caimán del Orinoco
me dicen que quedan pocos
y tenemos que rogar
para que tengamos más.

Si el caimán cierra la boca
sus dientes ya no se notan
si la cierra el cocodrilo
se le verán cien colmillos.

Diferenciar no he podido
al caimán del cocodrilo;
lo mejor será esperar
los bramidos del caimán,
pues he leído en un libro
que el cocodrilo se calla
porque el silencio le agrada
y no le gusta hacer ruido.

El que canta es el caimán.

Caimanes Ana Merino

Puedes leer el poema y ver sus simpáticas ilustraciones en:
https://issuu.com/anayainfantil/docs/hagamoscasoaltigre

No sé si Ana habrá oído el bramido, o más bien rugido, del caimán de Orinoco, que no se calla ni canta cuando lo atrapan, pero yo, que si lo he oído, puedo asegurar que espanta y espeluzna. Por otra parte, hay cosas de este poema que hacen pensar por ser tan recurrentes cuando se habla o escribe sobre caimanes y cocodrilos. Por ejemplo, el querer distinguir entre unos y otros, el relacionar a caimanes con dentistas, quizás por su dentadura y la impresión que causa el saber que podemos ser su próxima presa.

Pero luego, navegando por Internet, encuentras que hace ya muchos años a alguien se le ocurrió crear un parque infantil con caimanes y cocodrilos en California (USA). https://momentosdelpasado.blogspot.com/2019/11/ninos-jugando-con-caimanes.html

Parque infantil con caimanes en California.

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Beatriz Bermudez Rothe

Antropóloga, creadora multidisciplinar, escritora y editora venezolana.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Jesús Ángel Galbán

    Aquí estoy con la boca abierta en la boca del caño, como un caimán.. Mi nombre es Kaiman y no conozco a Mercedes Yo solo como peces y ellos solitos pasan por el caño y se meten en mi boca para darme.de comer…

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